“El Aleph engordado”, ¿un proceso borgeano? | Revista Magna

El conflicto por la obra de Pablo Katchadjian continúa y toma, cada vez más, un tinte propio de un cuento de Borges.

El escritor, nacido en Buenos Aires en 1977, tiene varias publicaciones como “La cadena del desánimo”, “Gracias” y “El Martín Fierro ordenado alfabéticamente”.

Tiempo atrás hablábamos del fallo judicial que resolvió realizar un peritaje sobre la obra de Pablo Katchadjian, “El Aleph engordado“, para definir si hubo plagio de la obra de Jorge Luis Borges o no. En una primera instancia, se resolvió a favor del joven escritor, quien había sido acusado por María Kodama, viuda de Borges, en el 2011. En su momento, parecía que todo iba a dar un giro a favor de Katchadjian, pero no fue así. En los últimos meses del 2016 nos enterábamos de que, finalmente, el escritor había sido procesado por plagio y debía pagar 30 mil pesos por defraudación. Pensábamos que todo había terminado allí, cuando en las primeras semanas de mayo Katchadjian quedó nuevamente sobreseído. Todo indica que esto no terminará aquí, ya que María Kodama no está conforme con la decisión del tribunal, por lo que apelará en todas las instancias judiciales posibles.

En el 2015, la denuncia de Kodama generó muchas voces en su contra, y otras tantas a favor de Katchadjian. Se había habilitado un espacio virtual en el que los escritores manifestaban su apoyo al escritor, y si le echamos un vistazo, veremos que el texto con el que los escritores expresaban su repudio a la denuncia ya no está disponible. Varios medios aseguran que el silencio de los escritores se hizo sentir esta vez, aunque si tomamos los dichos, en el 2016, de la escritora Luisa Valenzuela -quien también apoyó públicamente al autor-, podemos comprender mejor estas voces ausentes. Según la escritora, Katchadjian cometió dos errores importantes. Por un lado, no pidió permiso para usar la obra para la experimentación, y, por el otro, las intervenciones tendrían que ser fácilmente identificables del texto original que usó de base. Aunque sí dejó claro que la legislación debía ser revisada para incluir este tipo de intervenciones artísticas.

El abogado de María Kodama dijo a La Nación que Katchadjian “adulteró y copió” el texto de Borges y que no fue un experimento literario. Si uno analiza la idea, da la impresión de que estamos ante un abismo invisible. No estamos ante un texto totalmente desconocido que fue apropiado por otro, que se arroga la autoría. Un plagio es la copia de una obra a la que alguien se atribuye como propia. Es inverosímil creer que Katchadjian, o cualquier otro escritor, puede ser tan ingenuo y asumir que la obra borgeana no será reconocida ni por el título, ni por los párrafos, ni frases copiadas de “El Aleph”.

Las experimentaciones artísticas, que toman una obra de otro autor sobre la cual se realiza la experimentación, requieren que el artista se apropie de ella. Pero no sólo eso, también requieren que la obra que funciona como base sea fácilmente identificable ya que es a partir de ella que se realizan los procedimientos artísticos que implican una resignificación, tanto de la obra original como de la que resulta del procedimiento. Si el público es incapaz de reconocer la obra original de la cual parte, la resignificación no tiene sentido como tal.

Después de leer algunos testimonios, y aun sabiendo que no hubo ningún afán de lucro por parte de Pablo Katchadjian, ni tampoco la intención de engañar a los lectores, da la impresión de que se condena a un autor por no ser prolífico y exitoso en el campo literario. Se lo acusa de “buscar notoriedad” que, sí, no vamos a negarlo, muchos no lo conocíamos hasta antes de conocer la denuncia. Sin embargo, suponiendo que, efectivamente, el autor quiso engañarnos a todos y hacer pasar un texto de Borges como propio, ¿cuánto tiempo creen que duraría su “notoriedad” y su credibilidad? Evidentemente, el joven autor, mediante su intervención literaria, se posiciona y se autolegitima en diversos aspectos: primero como lector, y en especial de Borges; segundo, como escritor. Es su relectura de “El Aleph”, y es su lectura del canon literario. Quizás el error de Pablo Katchadjian sea, tal como Luisa Valenzuela hubo planteado, la falta de una cuestión técnica que diera cuenta de que la experimentación era tal.

Más allá de todas estas cuestiones literarias (aún con los errores que señaló Valenzuela) que legitiman el procedimiento creativo del joven escritor, reconocido y reflejado en la resolución final (al menos, por el momento) que tomó el tribunal, María Kodama buscará apelar en otras instancias judiciales, incluso, llegar a la Corte Suprema de Justicia.

El hecho artístico y judicial comenzó a tomar un cierto toque borgeano, esa infinitud y esa búsqueda de lo indescifrable se refracta en cada resolución. Ambas partes se ven forzadas a buscar nuevas perspectivas y profundizar las ya asentadas.
Publicado y corregido por Revista Magna.

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